Me enseñaste que la suma de uno y uno siempre es uno si se aprende a compartir.
Me enseñaste que los celos son traviesos, que es mitad falta de sesos y mitad inseguridad,
me enseñaste a ser pareja en libertad, me enseñaste que el amor no es una reja y que es
mentira la verdad. Me enseñaste que no es bueno el que te ayuda sino el que no te molesta,
me enseñaste que abrazado a tu cintura todo parece una fiesta, me enseñaste muchas cosas de
la cama, que es mejor cuando se ama. Me enseñaste que una duda puede más que una razón
a saber, que el afrodisíaco más cumplidor no son los mariscos sino el amor. Me enseñaste desde
filosofía hasta como tocarte, a convertir una caricia en una obra de arte y que el amor se cohibe en
los juzgados. Me enseñaste, entre otras cosas, a vivir.